Palabras del Presidente del Parlatino pronunciadas en la 152 Asamblea de la Unión Interparlamentaria

Palabras del Presidente del Parlatino pronunciadas en la 152 Asamblea de la Unión Interparlamentaria
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PARLATINO

Palabras del Presidente del Parlatino, diputado Rolando González Patricio, pronunciadas el 17 abril de 2026 en la 152 Asamblea de la Unión Interparlamentaria, en Estambul, Turquía.

Sra Tulia Ackson, Presidenta de la Unión Interparlamentaria;

Sr. Martin Chungong, Secretario General;

Honorables autoridades legislativas;

Distinguidas parlamentarias y parlamentarios presentes:

Resulta muy alentador que la 152 Asamblea de la Unión Interparlamentaria propicie un debate general orientado a fomentar la esperanza, consolidar la paz y asegurar la justicia para las generaciones futuras.

La humanidad contemporánea es víctima de una poli crisis. Una élite global, corrupta y deshumanizada, promueve o propicia las más diversas calamidades: guerras, terrorismo, inseguridad, crisis climática, desigualdades crecientes, migración desordenada, violaciones a los derechos humanos y una nueva conquista y colonización, también cultural.

Esta colonización cultural busca, a partir del monopolio del algoritmo y los medios corporativos, sembrar la resignación ante la barbarie impuesta desde la superioridad del poder y la fuerza. Ante la inoculación programada de la resignación, el primer antídoto es la esperanza. Una persona sin esperanzas está muy lejos de ser libre; un pueblo sin esperanzas está condenado a la sumisión.

Por eso debemos aplaudir que la UIP reclame el fomento de la esperanza junto a la paz y la justicia para todas las generaciones y, por supuesto, en todas las latitudes.

Sra. Presidenta:

Devolver la esperanza a los vulnerables, a los excluidos, a los pueblos víctimas de medidas coercitivas unilaterales o de guerras ilegales e ilegítimas para ser despojados de sus recursos, exige mucho esfuerzo; exige más acciones que discursos.

La diplomacia parlamentaria podría parecer insuficiente, pero esa es una apreciación desmovilizadora que favorece a los promotores de la resignación, la guerra, la injusticia y la crisis climática. La diplomacia parlamentaria, consecuente con las necesidades de los ciudadanos que representamos, es cuando menos necesaria para avivar la esperanza, restaurar y consolidar la paz, afirmar la justicia para las generaciones futuras, y erigir unas relaciones internacionales más democráticas, como propuso en 1997 la Unión Interparlamentaria en la Declaración universal sobre la democracia.

Se afirma con razón que la Organización de las Naciones Unidas no ha servido para impedir la cruda realidad de nuestros días. Esto ha ocurrido a partir de contar en la ONU con un sistema no democrático expresado en el monopolio del veto en el Consejo de Seguridad, y a la pasividad y hasta complicidad expresada en el proceso de reformas de la organización.

Sin embargo, aún cuando se ha impuesto una ruptura del derecho internacional que conduce al imperio de la ley del más fuerte, vale la pena pensar qué mundo habríamos tenido sin la ONU, o a qué mundo nos quieren condenar los beneficiarios del funeral de la ONU y el entierro del multilateralismo.

La humanidad no tiene futuro de espaldas a la cooperación, el diálogo, la paz y el derecho internacional. Se impone así abrazar los tres pilares de las Naciones Unidas —desarrollo, paz y seguridad, y derechos humanos—. Ese horizonte bastaría para no renunciar a disponer de una institución como la ONU.

Las Naciones Unidas han fallado con mucha frecuencia por un problema de identidad; su apellido ha sido falso cuando no hemos sido capaces de articular la unidad imprescindible.

Ante el dilema actual, urge definir si actuamos o nos resignamos a la barbarie, como el genocidio de Israel en Gaza y la guerra contra Irán iniciada por Estados Unidos e Israel, cuyas consecuencias impactan a escala regional y planetaria.

La historia de las relaciones internacionales asigna a la UIP un lugar de honor en la defensa de la paz y la construcción del multilateralismo. Esa memoria histórica impone hoy legítimamente a la UIP su contribución a la refundación del multilateralismo y la paz.

Sra. Presidenta:

En América Latina y el Caribe tenemos un vecino muy poderoso cuyo Congreso no se interesa en la UIP. Desde el Parlamento Latinoamericano y Caribeño no han tenido mejor suerte nuestros intentos de diálogo.

Esta región, con la actual administración estadounidense, tuvo un año 2025 marcado por la amenaza dirigida a recuperar el control sobre el Canal de Panamá, la violación de la dignidad de los migrantes latinoamericanos y caribeños en Estados Unidos, la turbulencia arancelaria, el intento de cambiarle al nombre al Golfo de México, la ejecución extrajudicial de decenas de tripulantes de pequeñas embarcaciones supuestamente al servicio del narcotráfico, y la amenaza del uso de la fuerza contra Venezuela.

América Latina y el Caribe es Zona de Paz, pero iniciamos 2026 con la agresión militar a Venezuela y el secuestro de su presidente, continúan las vejaciones a nuestros migrantes y fue impuesto un bloqueo petrolero al pueblo de Cuba que, hora tras hora, avanza hacia el genocidio.

Sra. Presidenta:

América Latina y el Caribe comparten la misma suerte que el resto de la humanidad, y estamos dispuestos a participar en la búsqueda e implementación de alternativas, incluida las acciones ante la crisis climática.

En este sentido, el PARLATINO creó la Alianza Parlamentaria para la Acción Climática y la Transición Justa, que cuenta ya con la incorporación de instituciones parlamentarias e interparlamentarias de África, América, Asia y Europa. Hoy reitero la invitación a ser parte de una red de parlamentos dirigida a contribuir a la gobernanza global de la crisis climática desde la labor parlamentaria.

A su vez, logramos el establecimiento de una Oficina del Fondo Verde en Panamá, en coordinación con su cancillería; y avanza la elaboración de la Carta Parlamentaria para la Acción Climática en América Latina y el Caribe.

Recientemente, la 39 Asamblea Ordinaria aprobó la creación de una Comisión Especial sobre el Caribe la cual deberá atender también sus especificidades como pequeños estados insulares.

Para concluir, deseo expresar mi agradecimiento a nuestros anfitriones. La hospitalidad recibida en Estambul es expresión de la importancia que confiere Turquía al diálogo, la diplomacia, la cooperación y el multilateralismo.

 

¡Muchas gracias!

 

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