Martí, Fidel y el Aula Parlamentaria

Palabras de Tubal Páez, jefe de la dirección de Comunicación Social de la Asamblea Nacional del Poder Popular, durante la inauguración del Aula Parlamentaria
Queridas compañeras y compañeros; queridas niñas, niños y jóvenes; Queridas y queridos docentes:
“El amor es el lazo de los hombres, el modo de enseñar y el centro del mundo”, escribió quien también nos dijo que “…una ciudad es culpable mientras no es toda ella una escuela”, fueron palabras de José Martí, el maestro y periodista, el revolucionario antimperialista, el cubano grande, cuya fiesta de cumpleaños estamos celebrando.
Decimos cubano grande, pidiéndole perdón, porque el Apóstol nos aclaró que “la grandeza es sencilla, y es vulgaridad todo alarde y comentario de grandeza”.
Hoy nos reúne ese lema tan bello e incluyente: Una sede, dos tesoros. De una parte, el Monumento Nacional que nos acoge, cuya riqueza se acrecienta con el trabajo de rehabilitación; y de la otra, los valores que encarnan los representantes del pueblo, en especial sus sencillos disputados, funcionarios y trabajadores, ahora unidos a los sencillos compañeros de la Oficina del Historiador de la Ciudad, de la Inmobiliaria, y los sencillos especialistas y restauradores.
El objetivo de este modesto sueño, concretado hoy, es promover la comunicación, más bien la comunión, entre la Asamblea Nacional y la comunidad, fundamentalmente entre los niños, adolescentes y jóvenes, para hablarnos y profundizar sobre el sueño mayor del pensamiento y la voluntad de muchas generaciones de patriotas revolucionarios: sistema político cubano, plasmado en nuestra Constitución Socialista.
Es por eso que a partir de ahora el mundo de los estudiantes, a escala de este local, estará presente entre nosotros cada semana como templo del conocimiento, como círculo de interés, aula para clases de preuniversitario y lugar de conferencias para trabajadores de instituciones aledañas, primero, y más allá de La Habana Vieja y Centro Habana, después.
Quisiera expresar nuestro agradecimiento al Poder Popular, Educación, Cultura y la Oficina del Historiador de la Ciudad, los pintores, electricistas y carpinteros que alistaron el local y a todos los que con tanto entusiasmo, gestaron y se involucraron en la materialización de la idea; a Kcho, a los laboriosos creadores de El Romerillo por el diseño del Aula, y en especial al pintor Pérez Balseiro, autor de los dos cuadros realizados expresamente para esta con las imágenes adolescentes de Martí y Fidel.
Y a este último, a Fidel Castro Ruz, debemos recordarlo como el que en 1961 convirtió a Cuba en un aula toda para enseñar a leer y escribir a cientos de miles de hombres y mujeres, en la hazaña cultural más grande de nuestra historia y de América.
A quién, como profesor y estratega del arte militar cubano había dirigido y conducido a la victoria, también ese año, a los combatientes de Playa Girón, con él mismo al frente; y al que semanas después, en el propio año, fue el primero en utilizar este Capitolio como aula de jóvenes de distintos países.
Nos parece que debemos tener presente hoy, con ese amor a los hombres, a la enseñanza y al mundo de que nos hablara Martí, lo que expresó el líder de la Revolución Cubana, el 8 de junio de 1961, en la antigua Cámara Baja, muy cerca de donde estamos ahora, al clausurar la Reunión del Comité Ejecutivo de la Unión Internacional de Estudiantes:
“Este era el salón donde se reunían los representantes. Claro que había algunos representantes que representaban al pueblo, pero eran una minoría. Aquí se sentaban los latifundistas, los abogados de los centrales azucareros, de las grandes empresas, de los grandes monopolios, los representantes de la oligarquía; de aquí no podía salir una sola ley revolucionaria. ¡Cómo iba a salir una reforma agraria de este parlamento de latifundistas y de propietarios! Esa era la democracia que había aquí.” (fin de la cita)
Aquella clase tuvo como tema central, diríamos, el odio eterno de los reaccionarios hacia las revoluciones, y de ahí el porqué de la fiereza de las agresiones y las campañas de mentiras de Estados Unidos contra Cuba.
Y finalmente, compañeras y compañeros, oigamos lo que, ese día en un momento de sus palabras, el comandante en Jefe de 34 años expresó también a los dirigentes estudiantiles (cito):
“Hay que despojarse de una serie de ideas viejas, de conceptos viejos, para entender las revoluciones, entre ellas la cubana. Los cubanos ahora estamos preocupados por construir las bases de una sociedad nueva, estamos echando los cimientos y construyendo los primeros pisos; no pensamos amueblar la casa hasta que no esté terminada. Cuando el edificio esté terminado lo vamos a decorar y a amueblar.
“Y aquí en este Capitolio volverá a funcionar una representación del pueblo.” (fin de la cita)
Gracias, Fidel.




