“LA ESCUELA POLÍTICA MÁS EFICIENTE QUE HA TENIDO NUNCA UN PAÍS”
Por Tubal Páez /

Hace diez años cuando las ocho décadas Fidel Castro se cumplieron en medio de la complicadísima recuperación de su salud, los vecinos de mi cuadra pintaron en un muro un número 80 gigante y las palabras “y más”. “Ochenta y más” era un mensaje que se repetía por todas partes en los días finales de 2006, en torno a la celebración del encuentro internacional en homenaje al Comandante Jefe, organizado por la Fundación Guayasamín.
Recuerdo esto porque por aquellos meses, mientras el compañero Fidel libraba en silencio una batalla tremenda en defensa de su vida, todos nosotros, muy esperanzados, redoblábamos el trabajo con la “Operación Caguairán” y otras tareas dirigidas a fortalecer la unidad y la Revolución.
Eran dos batallas, o más bien una sola, porque nos dábamos cuenta, como hoy, de cuánto hay de Fidel y sus ideas dentro de cada uno de nosotros y cuánto en el alma de la nación; cuánto de su carácter, de sus métodos, de su estilo, de su manera de actuar y pensar, de reaccionar y hasta de verse a sí mismo; de cuánto Fidel somos y cuánto de nosotros, del pueblo cubano, es Fidel. Por eso él nos parece siempre tan vivo, tan familiar y a la vez tan íntimo, tan de todos.
Formados en el privilegio de la contemporaneidad y de la coincidencia en el espacio con ese hombre extraordinario, no percibimos su grandeza en toda su dimensión, pues siempre se condujo como uno de los nuestros, en su actuar y en su diálogo de líder guerrillero, con la gente, con hombres y mujeres sencillos o exponentes del pueblo devenidos héroes.
En este cumpleaños nos alegra saber que el jefe, a esta edad sigue defendiendo sus ideas invictas, más experimentado y sabio, más generoso y consecuente, más universal y cubano, más aleccionador y ejemplar en su lealtad inconmovible a los principios e ideas que abrazó desde muy joven; más comprometido con la sangre de sus compañeros caídos, más luchador contra la injusticia y más defensor de la dignidad como el más importante valor de los seres humanos.
En la medida en que millones de hombres y mujeres de Cuba y del mundo iban abrazando sus ideas, la vida del Comandante en Jefe se fue haciendo patrimonio de un mayor número de personas. Él ha defendido y proclamado siempre, por encima de todo, la heroicidad de nuestro pueblo, que liberado del pasado, se convirtió de marginado en protagonista de uno de los procesos sociales más grandes y profundos en la historia de la humanidad. Y nos excusó un día nuestras limitaciones, contradicciones y errores, afirmando que habíamos hecho una revolución más grande que nosotros mismos.

No ha existido Jefe de Estado en el mundo que rindiera más cuenta a su pueblo. Explicaba sus ideas, sus planes y acciones con lujo de detalles, aunque le implicara horas y horas, de manera que todo el mundo supiera, comprendiera, analizara y lo apoyara, y siempre comunicando algo importante a los demás, enviando mensajes, captando mentes, persuadiendo, sumando…
Ha desarrollado una capacidad extraordinaria de descubrir y utilizar el poder de las palabras, para describir ideas, para relacionarlas y exponerlas con un gran sentido común. Esas características, unidas a una lógica y coherencia aplastantes, le dan una fuerza tremenda tanto cuando habla como cuando escribe.
Mejor que un detallado recuento biográfico -de sus méritos y cualidades, de sus sacrificios y ejemplar trayectoria, de su dimensión de estadista y político universal, de sus ocupaciones actuales dedicadas, como siempre, a encontrar soluciones a los complejos desafíos de la alimentación humana y de contribuir a defender la naturaleza y a nuestra especie como parte de ella- es recordarlo hoy como un entrañable compañero de clase, en esa gran escuela que ha sido, como dijo la última vez que estuvo en la Asamblea Nacional, la etapa que siguió al derrocamiento de la tiranía tras 6 años y 296 días de combate.
“La batalla –dijo Fidel- comenzó entonces contra la ignorancia política y los principios antisocialistas que el imperio y la burguesía habían sembrado en nuestro país. La lucha de clases desatada a pocas millas de la sede del imperio fue la escuela política más eficiente que ha tenido nunca un país; hablo de una escuela que abrió sus puertas hace más de 50 años. Hombres y mujeres, desde los pioneros hasta las personas que posean muchos más años, hemos sido alumnos de esa escuela.”
Gracias Fidel, por tus lecciones y ejemplar conducta. Mucho nos sirve lo aprendido para la etapa que se avecina, y gracias Raúl por recordarnos la importancia de la disciplina y la constancia en el Aula Grande, la cual, quienes laboramos en la Asamblea Nacional no vamos a abandonar ahora ni nunca.




